
Noticia
29 de noviembre de 2019En Dinamarca tenemos racismo de Estado
Discurso de agradecimiento de Jonas Eika, en la entrega del Premio de Literatura del Consejo Nórdico (Norðurlandaráð) 2019:
„Estoy aquí lleno de gratitud y humildad hacia aquellos con quienes comparto la vida, aquellos que me inspiran, aquellos con quienes pienso, aquellos con quienes hago política y literatura, aquellos con quienes llevo a cabo una lucha radical. El libro que aquí se premia, también les debe su existencia. Gracias a personas que no usan sus fuerzas para servir al orden establecido, o para aceptar puestos bien remunerados en él, porque creen y esperan un orden diferente. Una cultura que no se caracteriza por las relaciones de poder del patriarcado, sino por una solidaridad que no exige exclusión racista, una sociedad sin clases y sin poder donde las fuerzas de la creación y el amor no sirvan al Estado y a la máquina de muerte del capitalismo, sino que nos sirvan a todos nosotros y a la vida, en todas sus formas, tanto humanas como no humanas.
Creo que en la literatura se encuentra un sueño de un lenguaje cuyo significado no exige el olvido.
Un lenguaje que está a la par con el mundo, en toda su opresión y desesperación, pero que al mismo tiempo está abierto a lo inefable, lo imprevisto, que se encuentra en todas partes, y de donde puede surgir un nuevo orden.
El trabajo del Consejo Nórdico para traducir y promover libros de comunidades lingüísticas grandes y pequeñas quizás contribuye. Pero no olvidemos que el Consejo Nórdico es también una institución, parte de la cooperación de algunas de las naciones más ricas del mundo.
Creo que el nacionalismo racista, que se basa principalmente en el odio a los musulmanes, que avanza en los estados nórdicos modernos, se fundamenta en la blancura, en la idea de un derecho inalienable de la mayoría blanca a la prosperidad y la seguridad. Y veo la blancura como la herencia del colonialismo del pasado, que también se extiende por el Norte, y que ninguno de los estados con mayor responsabilidad ha mostrado voluntad de enfrentar.
Al contrario. Muchos de ellos prefieren aprovecharlo.
Hablo al primer ministro de Dinamarca (que está aquí en la sala).
Mette Frederiksen, que es líder de los Socialdemócratas, y llegó al poder asumiendo el discurso y la política racista de sus predecesores y haciéndolos suyos.
Mette Frederiksen, que se autodenomina la primera ministra de los niños, pero es responsable de una política de inmigración que divide familias, las empobrece y condena tanto a niños como a adultos a una estancia degradante en los llamados “Udrejsecenter” del país. Cerremos Sjælsmark, cerremos Kærshovedgård, cerremos Ellebæk, abolamos todo este sistema.
Mette Frederiksen, socialdemócrata que dice luchar por el bienestar y viviendas asequibles pero implementa ataques masivos contra viviendas sociales. Mette Frederiksen y los socialdemócratas que dicen que „En Dinamarca todos somos iguales“ pero luego promueven leyes de gueto que discriminan a los ciudadanos directamente por clase y estatus. En Dinamarca el racismo es tanto cultural como legal, en Dinamarca tenemos racismo de Estado.
Pero también hablo a los demás ministros nórdicos.
En vuestros países, los solicitantes de asilo y los refugiados también están encarcelados. Y allí también se les degrada, se enferman, algunos se quitan la vida. En todos vuestros países se expulsa a personas a lugares muy peligrosos, o donde no tienen futuro.
Y vuestros países participan en la financiación de la militarización de las fronteras de la Unión Europea, un proceso que cuesta la vida a miles de refugiados, pero que al mismo tiempo es un buen negocio para las empresas de seguridad y armas, incluyendo muchas empresas nórdicas.
Pero, ante todo, hablo a todos y a aquellos que quieren algo diferente.
No importa cuántos privilegios tengamos, o seamos oprimidos por esta sociedad –y muchos de nosotros somos ambas cosas–, tenemos en común no haber elegido esto. Ninguno de nosotros eligió vivir en una sociedad opresiva. Por lo tanto, no tiene ningún derecho a nuestra lealtad. Pero, por otro lado, nos exige a algunos de nosotros que nos despidamos de ella.
Especialmente en esas circunstancias, cuando se trata de aquellos de nosotros que vivimos con privilegios, exige una conciencia de la opresión y la lucha, que años de política neoliberal y nacionalista han intentado que ignoremos y seamos indiferentes. Si disponemos de capital extra u otros recursos, exige que los utilicemos en nombre de la solidaridad.
Y para todos nosotros, exige, creo, que derribemos el yo delimitado y homogéneo en el que el Estado y el capital nos han convertido, y aprendamos a trabajar juntos de nuevo, a través y en virtud de nuestras diferencias. Exige que nos encontremos unos a otros.“
Jóhann Helgi Heiðdal tradujo