Asuntos medioambientales y climáticos
Política aprobada 13 de octubre de 2019
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Los asuntos medioambientales y climáticos son cuestiones éticas y humanitarias que nos conciernen a todos y sobre las que debemos tomar una postura clara. El calentamiento global al que nos enfrentamos exige que se declare un estado de emergencia climática y que se responda con cambios sistémicos revolucionarios. La economía de mercado capitalista, que fomenta la máxima producción y el máximo beneficio, es el mayor enemigo del ecosistema y el mayor factor causante de los cambios climáticos a los que nos enfrentamos. Los métodos de producción de las grandes empresas y los hábitos de consumo de las personas hoy en día agotan inevitablemente la naturaleza, y es necesario responder a esto con sanciones y agencias de supervisión potentes. Las soluciones del llamado “capitalismo verde” y un enfoque individualista al estilo neoliberal no funcionan para combatir el problema climático. Es importante concienciar al público sobre la reducción del consumo, la reutilización y el reciclaje, pero el problema real reside en el extremo de la producción del producto. El enfoque de la regulación debe estar en la producción y la importación, y menos en “castigar” al consumidor por consumir lo que ya ha sido producido.
Se debe fomentar la producción nacional y aspirar a una sociedad más sostenible. Detener la importación de productos que pueden producirse en condiciones nacionales. Se debe fomentar el cultivo nacional de verduras y frutas, así como el cultivo de legumbres y cereales, mediante subsidios públicos a la energía verde. Se intentará reducir los intermediarios en la medida de lo posible y dar al consumidor un acceso fácil al productor de alimentos. Disfrutar de alimentos saludables y orgánicos no ha estado al alcance económico de todos. Es importante que las oportunidades de llevar una vida sana, así como de practicar la conservación de la naturaleza, no dependan de la clase o el estatus de las personas en la sociedad.
Las agencias de supervisión deben cumplir su función y las leyes y sanciones deben ser efectivas y respetadas. Es necesario fortalecer Umhverfisstofnun, coordinar la supervisión y asegurar que los procesos de trabajo sean claros y transparentes. Se debe luchar contra el “lavado verde” de las empresas y asegurar que la compensación de carbono no se realice bajo premisas incorrectas. Es necesario fortalecer el flujo de información y evitar que los intereses financieros dirijan el debate. También se debe mejorar el acceso de las personas a la participación en asuntos medioambientales y hacer que la formulación de políticas y las decisiones sean más democráticas.
El Estado y los municipios deben asegurar que los residentes puedan gestionar responsablemente sus residuos. Contenedores de clasificación y compostadores deben estar en cada casa en un futuro próximo.
La producción de plástico agota nuestras reservas de combustibles fósiles y contamina el ecosistema. Es necesario cambiar los hábitos de consumo y detener el consumo de un solo uso lo antes posible. Se debe retomar el uso de botellas de vidrio y otros materiales reutilizables.
Es necesario establecer leyes que impidan a los supermercados, instituciones y empresas desechar alimentos caducados y crear un sistema que resulte en el aprovechamiento de estos alimentos donde sean necesarios, evitando la sobreproducción y el desperdicio. Se debe facilitar todo el entorno operativo en torno a la reutilización y las reparaciones para reducir la sobreproducción de bienes como electrodomésticos y ropa, y aumentar la protección del consumidor en cuanto a la durabilidad y calidad del producto. De este modo, se promoverá un mejor aprovechamiento y una menor eliminación de residuos.
El transporte público debe mejorarse significativamente y operarse con la visión de que es un servicio esencial para los residentes de todo el país y la clave para reducir la contaminación, y no con el objetivo de que su operación sea autosuficiente o genere ganancias. La producción de petróleo es un gran problema, y la producción de vehículos eléctricos también es contaminante y agota rápidamente los recursos de la Tierra. La explotación y destrucción de los ecosistemas es una consecuencia inevitable de esta producción, y es difícil eludir la necesidad de abordar estos asuntos de manera global. Por lo tanto, reemplazar las fuentes de energía o cambiar a coches eléctricos no es una solución completa; en cambio, es necesario pensar de manera integral y hacer del transporte público una mejor opción, haciendo que el coche privado sea innecesario para la mayoría, aunque también se puede facilitar que las personas modifiquen sus vehículos y los hagan más respetuosos con el medio ambiente, por ejemplo, con metano.
Es un objetivo importante reducir los vuelos, ya que se trata de un modo de transporte muy contaminante. Sin embargo, hay que tener en cuenta que vivimos en una isla a una distancia considerable de la mayoría de los destinos, y es probable que las restricciones a los vuelos en forma de cuotas e impuestos afecten más a los menos pudientes, quienes ya tienen más dificultades para utilizar los vuelos. Todas las restricciones de vuelo deben considerarse con esto en mente y centrarse en las aerolíneas que vuelan aquí y en la utilización de los viajes. En particular, es necesario restringir el tráfico de aviones militares, aviones privados, aviones turísticos y el tráfico aéreo que contamina de forma desproporcionada en relación con el número de pasajeros.
El “petróleo negro” es un término genérico para aceites pesados y viscosos que pueden contener un alto porcentaje de azufre, y se utiliza, entre otras cosas, en la navegación marítima. Contamina más que otros combustibles y libera una gran cantidad de hollín a la atmósfera cuando se quema. La mayoría de los cruceros queman petróleo negro, y su combustión libera una gran cantidad de partículas de hollín a la atmósfera. Estas partículas son perjudiciales para la salud humana, y se considera que este tipo de contaminación del aire es responsable de la muerte de millones de personas en todo el mundo anualmente. Es posible cultivar colza para la producción de biodiésel y utilizarlo en nuestra flota de barcos. Tenemos la tierra y el conocimiento para producir biodiésel. Además, la colza compensa el doble de carbono de lo que se produce durante la combustión del biodiésel.
La explotación y destrucción de los ecosistemas en el “Sur global” están interconectadas con el capitalismo globalizado, el problema climático y el problema medioambiental y de recursos al que nos enfrentamos hoy. La explotación de generaciones anteriores ha aumentado la prosperidad de los occidentales, mientras que los países más pobres suelen ser los más afectados. La sobreexplotación y la deforestación con el fin de crear tierras de cultivo para tipos específicos de vegetales para los consumidores occidentales han perturbado la vida y la seguridad alimentaria de las personas en todo el mundo. La deforestación provoca cambios climáticos que se manifiestan en sequías, inundaciones, contaminación y alteración del ecosistema, lo que a su vez causa el desplazamiento de personas de las zonas que ya no son habitables. Por lo tanto, no es solo nuestra sociedad la que debemos considerar, sino que es necesario examinar la cadena de producción y tener en cuenta a todas las personas involucradas y los costos que conlleva. Estos asuntos siempre deben considerarse en un contexto global, y debemos ser conscientes de nuestra posición privilegiada y mostrar plena solidaridad con las personas de otros países.